Mémoire juive et nationalité allemande : Les juifs berlinois à la Belle Epoque PDF

Soldados judíos alemanes en Rosh Hashaná, 1914. Llegada a la región de Renania durante el Imperio romano, la comunidad judía prosperó hasta fines del mémoire juive et nationalité allemande : Les juifs berlinois à la Belle Epoque PDF XI. Hacia el año 2014 la comunidad judía de Alemania rondaba las 118. 000 personas, haciendo de ésta la tercera comunidad judía más grande de Europa detrás de las de Francia y el Reino Unido.


Mapa de los dialectos yídish entre los siglos XV y XIX. La primera evidencia oficial de su presencia data del 321, en Colonia. Se trata de un texto que indica que el estatus legal de los judíos es el mismo en todo el Imperio: poseen la plenitud de derechos cíviles con la única restricción de estar impedidos de poseer un esclavo cristiano o acceder a una función pública. Heinrich Graetz estimaba que los judíos estuvieron presentes en Alemania antes que los cristianos. Las invasiones bárbaras no cambiaron sus condiciones de vida. Las comunidades judías se desarrollaron hasta fines del siglo XI gracias a la tolerancia de los soberanos merovingios y carolingios.

Judensand, el cementerio judío de Maguncia. En el Imperio carolingio, los judíos debían pagar el diezmo sobre las mercancías, como lo hacían todos los demás. Los judíos estaban, pues, bajo la protección directa del emperador y eran, por tanto, sus hombres. Si un judío era asesinado, el asesino debía pagar la enorme multa de diez libras de oro, es decir, dos veces lo que debía pagar si mataba a un caballero cristiano. El dinero de tal multa iba directamente al tesoro imperial. Fue designado un oficial, el Judenmeister, para defender sus privilegios. A mediados del siglo XI, Enrique III amenazó con la pérdida de los ojos y de la mano derecha a quien matara a un judío.

Los carolingios incluso favorecían su establecimiento. Ciertos señores laicos y eclesiásticos hicieron lo mismo. En 1084, Rüdiger Hutzmann, obispo de Espira, invitó a los judíos a instalarse en su ciudad, para aumentar mil veces el honor de nuestra ciudad. Con esta finalidad, les concedió una serie de derechos conocidos bajo el nombre de privilegio de Rüdiger. Se les cedió un barrio separado para que pudieran montar guardia sobre sus muros, para que no sean importunados por la muchedumbre. El barrio judío, situado cerca al Rin, estaba rodeado por una muralla y comprendía un cementerio y una sinagoga. La carta de Worms fue renovada en 1157 por Federico I Barbarroja que concedió igualmente una carta a la ciudad de Ratisbona en 1182.

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